¿Somos sonambulos los hondureños?
¿Somos sonambulos los hondureños?
Juan Ramón Martínez
Cualquier persona que llegue de afuera se sorprende de la forma como se comporta la clase política. No entiende las declaraciones de los funcionarios, ni tampoco los lastimeros reclamos de las personas que hacen fila para buscar lo suyo. La conclusión que sacan es que Honduras es un país que no tiene dirección alguna, que no hay una voluntad nacional clara y definida y que, más bien, parecemos que todos fuésemos sonámbulos que no sabemos que nos acercamos al precipicio. Por sonámbulo entendemos “las personas que mientras está dormida tiene cierta aptitud para ejecutar algunas funciones correspondientes a la vida de relación exterior, como las de levantarse, andar y hablar”.
En términos metafóricos, los actores que participan en el escenario nacional, pareciera que estuvieran despiertos; pero en realidad actúan casi mecánicamente, sin el debido ejercicio de la conciencia. Interesados más en el cumplimiento de lo elemental, por lo que descuida lo esencial y fundamental para la existencia de la nación. Los políticos, por ejemplo, actúan tan irresponsablemente al hablar, como si fueran niños dormidos, de temas egoístas, sin fundamento lógico y sin tomar en consideración los efectos que tienen sobre el conjunto de la sociedad, sus desplantes, propuestas y actitudes irresponsables. Algunos empresarios actúan igualmente como si fueran sonámbulos. Hacen cosas mecánicas, sin lógica alguna, proponiendo sueños y construyendo en el vacío irrealidades que muestran su falta de conciencia consiente. La mayoría de los dirigentes sociales dicen cosas sin tener en cuenta las realidades que vivimos, los riesgos que corremos y el daño que pueden hacer con sus comportamientos caprichosos. Y los gobernantes, con la vista fija en le vacío, dan la impresión que están despiertos y conscientes de los retos que enfrentamos, por lo que la mayoría que les oye les cree en vista que los consideran lucidos, cuando en realidad están dominados por el sueño. El pueblo en general, en la medida en que no se da cuenta si sus líderes están despiertos o son víctimas del sonambulismo, también caen en los tremedales de la irrealidad y la inconciencia. En fin, el país, en su conjunto, camina dormido, sin rumbo, inconscientemente hacia el precipicio.
Una situación como la que comentamos experimento Europa en 1914. Misma que llevo a los soldados a la Primera Guerra Mundial, y a los líderes europeos a creer que, en vez de producir una carnicería, iban a una paseo primaveral, en donde la alegría y la felicidad seria el corolario de sus deseos y aspiraciones. Muchos autores han escrito sobre el tema. Marc Ferro, por ejemplo no puede entender como los dirigentes, los intelectuales y el pueblo, no tomaron conciencia que todos se encaminaban hacia la destrucción, el dolor y la muerte.
Nadie le ha dicho a los líderes políticos, a los gobernantes y a los actores del sector privado que la conducta que exhiben conduce a Honduras hacia la destrucción de sus instituciones, a la revuelta incontrolable, a la destrucción de lo poco que hemos logrado y a la muerte de las generaciones más jóvenes.
Hay que hacer algo para que despierten a la realidad. Para que entiendan que no se pueden ignorar los peligros que enfrentamos. Y que tienen la obligación de despertar de ese sueño infantil que nos conducen a la inestabilidad, a la ruptura de la nación y a la muerte de los más jóvenes y débiles de sus miembros.
No permitiendo que los sonámbulos nos lleven a la destrucción, de crisis en crisis, como payasos dormidos, que dirigen a una comunidad de borregos que no ha descubierto que sus dirigentes, no están en el pleno ejercicio de sus conciencias. Que son sonámbulos.
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