Guerra psicológica contra el gobierno
Guerra psicológica contra el gobierno
Por Mario E. Fumero
Durante el período de la guerra fría (década de los 60-70) los Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollaron diversas técnicas para desestabilizar a los gobiernos. Por un lado, estaba el lavado de cerebro, típico de los regímenes comunistas, y por otro, la guerra psicológica, método desarrollado por el capitalismo para desestabilizar a los gobiernos de izquierdas.
¿Qué se busca con una guerra psicológica? Infundir temor para desestabilizar al gobierno. Esta es una forma muy cautelosa para llevar al Estado a una situación anárquica. Para ello se lanzan amenazas falsas que crea la zozobra, a fin de producir una actitud de pánico colectivo mediante lo cual se debilita al Estado, y se crean en la sociedad una actitud de temor que tristemente lleva a la inestabilidad.
Los que se benefician de la extorsión usan mucho las amenazas y la guerra psicológica para obtener beneficios, y a veces, cometen acciones violentas con las que tratan de sembrar el pánico a fin de obtener su cometido. En la actualidad los promotores de la extorsión tratan de colapsar a las grandes empresas con amenazas que van más allá del crimen, acudiendo a lo que podemos denominar “chantaje terrorista”. Es por ello que recientemente han amenazado a grandes empresas de poner bombas o producir actos de incendios, o masacre, si no están dispuestos a satisfacer las demandas que les imponen. Cuando las empresas dan cabida a estas amenazas, y seden ante una guerra psicológica de chantaje, automáticamente tienen miedo, y optan por cerrar operaciones, y de esta forma se desestabiliza la economía del país. Muchas de estas amenazas pueden ser parte de una guerra psicológica, la cual toma fuerza cuando algunos hechos aislados pueden parecer el cumplimiento de sus amenazas.
Recientemente ciertos colegios públicos de la capital, en donde hay infiltración de maras y grupos antisociales, han sido víctimas de chantaje sembrado por los grupos antisociales, creándose el pánico bajo las amenazas de producir una tragedia si los estudiantes no cumplen ciertas condiciones impuestas por los grupos antisociales. Muchas de estas amenazas se hacen vía teléfono, o por bolas que se lanzan entre los infiltrados, y según van rodando de boca en boca, se van haciendo cada vez más grandes. También se usan las redes sociales y con un simple comentario, que obedece a una estrategia de inestabilidad psicológica, se crea un ambiente de temor, el cual tiene como objetivo crear miedo, he incluso pueden ser estrategias de los mismos alumnos para no ir a clases.
Los que acuden a estas técnicas saben que frente al fantasma de las sospechas y las amenazas indeterminadas, las fuerzas de seguridad del Estado no pueden hacer nada, pero la gente que recibe el mensaje comienza a vivir en zozobra y pánico, por lo que lentamente se va socavando la estabilidad y la seguridad de la nación.
La guerra psicológica siembra fantasmas, que van socavando la estabilidad social y llevan al gobierno a adoptar medidas radicales, que a largo plazo pueden afectar el desarrollo económico de la nación. Luchar contra las amenazas, rumores y falsa información es una tarea casi imposible, máxime cuando se cometen actos delictivos aislados que pueden dar pie al miedo colectivo. Es por ello que luchar contra lo invisible es una misión imposible, porque la guerra psicológica nos lleva a luchar contra un enemigo que nadie ve, ya que al sistema de seguridad del Estado se le hace difícil detectar de dónde vienen esos rumores que crean las condiciones de pánico, y los cuales afectan la educación, la economía y la libre circulación, y cubrir todas las áreas por las fuerzas del orden es imposible.
Para combatir estas “bolas” y amenazas como es la extorsión, el secuestro, la guerra psicológica y los grupos antisociales, se necesita crear una estructura de comunidades que se protejan a sí mismos, a través de lo que podríamos denominar un “Comité de Seguridad Ciudadana”, de lo cual hablaremos en otro artículo, porque la guerra psicológica es la mejor aliada de la desestabilización.
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