La corrupción tiene nombre y apellido
La corrupción tiene nombre y apellido
GASPAR VALLECILLO MOLINA
Esto escribí hace unos años. Nada cambió. Triste historia la nuestra, llena de inicios sin finales. Después de escandalizarse con la corrupción de militares que fueron verdaderos capos, de civiles aventajados en todo, sin despreciar la práctica corrupta empresarial privada, se sabe quiénes han sido y son los autores y actores de esta tragedia nacional.
La corrupción afecta al ciudadano común y más al pueblo que careciendo de todo perdió la esperanza de mejorar su abandono. A la población, marginada a la juventud sin futuro, solo le queda dedicarse al vicio, prostitución, delincuencia, ser mareros o migrantes indocumentados.
En este país tan pequeño todos somos vecinos y nos conocemos, sabemos quién pasó de la penuria por lícita pobreza a la lujuria por ilícita riqueza. Sabemos dónde están y qué nos hacen. A nadie engañan los corruptos y corruptores ni las autoridades que blindadas silencian la verdad para seguir haciendo ruido con la mentira. Los corruptos se pasan las leyes por bajeras, porque los que la aplican los hacen intocables y hasta protegidos por ellas. Poder político y económico. A toda prueba.
En los recientes casos de este gobierno saben con nombres y apellidos de quienes dirigieron las instituciones y para comprobar su latrocinio, la DEI, que fustiga a los honrados, debe exigir que funcionarios y exfuncionarios demuestren cómo se acumula riqueza, lujos, cuentas, carros, motos, haciendas, hatos ganaderos, casas y propiedades en Honduras y en el extranjero, que no tenían antes de abusar del poder. Al no ocultar lo mal habido nadie podrá justificar su enriquecimiento inexplicable. Sin olvidar a sus testaferros.
Los corruptos han creado una fuerza intocable con estándares de inmoralidad y deshonor protegidos por los reptantes de la justicia que les sirven. No se puede fingir ignorancia y desconocer dónde están los corruptos, cuando estos se codean victoriosos en todos los niveles gubernamentales y sociales. Colusión. A los corruptos nadie los olvida, están herrados para siempre aunque vociferen eximiéndose de culpas y encasquetándoselas al adversario tal lo hace el exgobernante ignorante o como el que flores lanza con hipócrita voz de cura farsante. Dios no perdona al corrupto. Están condenados aun cuando con inaudito cinismo dan cátedra anticorrupción, honradez y moral por radio, televisión y periódicos y sin inmutarse señalan a sus compinches, porque en esa mafia no hay amigos, solo corruptos, y estos no tienen madre para mentir.
¿Por qué no sentencian a Mario Zelaya? ¿Y los 300 involucrados que la Fiscalía tiene identificados? Todos saben y callan. ¿Y la corrupción en la otrora Soptravi, Portuaria, ENEE, SANAA, Injupemp, Inprema, Salud, etc, etc, etc? Los prófugos “burlaron” a la Policía Nacional e Interpol y estos a toda la población decente que ansía justicia y respeto. La CSP, el MP y el TSC nos entretienen con teatrales poses del repetido “ahora sí” y “la próxima semana”, y nada pasa. Igual será con la Policía intervenida, mucho desconcierto con los mismos que pagaron deudas en el IHSS saqueado y aún lo tienen postrado. Total, de algo hay que morir.
EL gobernante prometió terminar con la fiesta de los corruptos; es el ciudadano más informado del país, o ¿también le mienten a él? Mientras la autoridad no demuestre credibilidad nunca tendremos paz y justicia menos si los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial saben, pero callan los nombres y apellidos de la corrupción. Nunca
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