Aprendiendo el ABC

Aprendiendo el ABC


Por: Carlos A. Medina R.
En el momento que el Senado norteamericano suspenda el bloqueo económico que Estados Unidos le impuso a Cuba y las inversiones estadounidenses lleguen a la “Perla de las Antillas”, patria de José Martí, habrá un renacimiento económico de la isla que tendrá una fuerza y un impacto en toda América Latina, por la sencilla razón de que el pueblo cubano está preparado culturalmente para apoyar y fortalecer cualquier inversión extranjera, casi sin importar su nivel científico.

Si algo hay que reconocer y aprender de la revolución cubana de Fidel, es que el Partido Comunista que apuntalaba su gobierno, emprendió una alfabetización en la cual ningún cubano quedó sin saber leer y escribir; además aprendió artes y oficios y un nivel de profesionalización en diferentes carreras universitarias. La alfabetización de toda una nación no tuvo enemigos, ni fuerzas opositoras; fue un movimiento nacional ejemplar para toda América Latina, y ahora los cubanos pueden decir que en su isla no existen analfabetas.

En casi todos los países socialistas enseñar a leer y escribir y mejorar los estándares de salud, han sido banderas de lucha dentro del afán revolucionario, no solo de las fuerzas políticas, sino que de la población en general. Los que hemos estado en esa preciosa isla sabemos que en el pueblo cubano existe el substrato necesario para emprender cualquier proceso industrial y científico. Nadie en el régimen comunista de Cuba, aún las fuerzas opositoras al gobierno, estuvieron en contra de un proceso evolutivo, como lo es la educación de toda una población.

Mientras tanto, vemos con mucha tristeza que en nuestra nación el proceso de alfabetización emprendido por el Ministerio de Educación, no solo tiene la oposición de los gremios magisteriales, sino que también de la Asociación de Padres de Familia, y lo más triste, la repulsa de la juventud hondureña que ya ha sido alfabetizada. En otras palabras, el pueblo hondureño está en guerra abierta en contra de un proceso educativo urgente y necesario, pues tenemos 800 mil personas que no saben leer y escribir, y de acuerdo a estadísticas de diferentes fuentes, el porcentaje varía entre el 15 y el 30 por ciento de la población.

Se argumentan excusas económicas y factores de inseguridad, y se oponen las fuerzas anteriormente mencionadas a que el Servicio Social obligatorio para graduarse de la secundaria, implique enseñar el ABC a nuestros compatriotas. Ahora que vivo en el campo y que siete de cada 10 campesinos no saben leer y escribir, me da tristeza saber que los colegios magisteriales, que los padres de familia y que la juventud se oponga a que el resto de la población que vive en tinieblas, salga del obscurantismo, y por ende, de la miseria en que vive.

Es incomprensible desde cualquier punto de vista, ver que nuestra juventud está en contra de sus hermanos hondureños. No debe haber excusas de ninguna índole; estamos obligados todos a hacer sacrificios por nuestra patria; una o dos personas que salgan de las tinieblas porque un joven lo ha alfabetizado, son dos hondureños que dejarán de ser esa masa humana que hemos utilizado casi de esclavos y que solo nos acordamos de ellos, cuando los necesitamos en las luchas electorales cada cuatro años.

Parece mentira que en nuestro país la juventud está dispuesta a lanzar piedras, romper vidrios, generar desorden y caos, y hasta aprender a matar sus congéneres, pero no está dispuesta a enseñarle a los demás lo más elemental en la vida cultural de los pueblos. Todos sabemos que los colegios magisteriales han sido una lacra para el desarrollo de nuestro país y que anteponen sus intereses personales a las necesidades básicas de nuestra nación. Ya no hay aquellos maestros nobles que revisaban la higiene física y mental de sus alumnos; ahora solo hay políticos metidos a mentores, que les importa un bledo la nación en que viven y que les da de comer.

No debe haber ninguna excusa para no hacer el esfuerzo supremo de enseñarles a nuestros compatriotas el ABC necesario para superarse. La juventud no puede ni debe usar la bota opresora para que Juan Pueblo no pueda manejar un lápiz y escribir su nombre y el de su país. Todos los hondureños debemos tener una meta bien clara: si no salimos de la ignorancia, no saldremos de la pobreza ni de la miseria en que vivimos. Dios quiera que lleguemos a comprender que hay realidades en la evolución de una nación, y que la educación del pueblo es la primera etapa para un desarrollo integral.

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