Alfabetización y deseo de superación

Alfabetización y deseo de superación


Editorial El Heraldo

No hay peor ciego que el que no quiere ver. La frase se puede aplicar a todos los ámbitos de la vida, desde relaciones tóxicas, negarse a ver las fallas propias y culpar a los demás por nuestros problemas, excusar faltas que repercuten en nuestro entorno y hasta transgresiones a la ley.

Así hemos llegado a justificar la corrupción con el argumento de que no hay otra forma para prosperar en Honduras y que el trabajo honrado no permite ni vivir dignamente. O evadir impuestos, porque de todas maneras el gobierno no los usa para beneficio de los contribuyentes y terminan en el bolsillo de unos pocos. O abstenerse de participar en las elecciones, si de todas maneras los políticos están cortados con la misma tijera. O no poner el máximo esfuerzo en el trabajo porque solo estamos haciendo más rico al empresario que nos contrató. O no esforzarnos en los estudios porque hay diputados que no terminaron ni el bachillerato y ganan más que un licenciado. En fin, cualquier excusa vale cuando se quiere vivir en la mediocridad y la evasión, porque resulta más cómodo que asumir la responsabilidad de nuestros actos y tomar el control de nuestra vida.

En medio de la polémica que ha surgido con el programa de alfabetización de adultos que impulsa la Secretaría de Educación, llama poderosamente la atención el reclamo reiterativo de alumnos y padres de familia de tener que pagar a los alfabetizandos. Resulta incomprensible que haya ciudadanos que cobren o pretendan hacerlo por permitir que se les saque de la oscuridad del analfabetismo. ¿A quién puede beneficiar no saber leer ni escribir? Si la ignorancia es un lastre que condena a la miseria y exclusión. ¿Cómo es posible entonces que la motivación que los mueve a ser alfabetizados sea recibir unos cuantos lempiras a cambio? Ojalá sean casos aislados y no signos de una generación que perdió la voluntad y el deseo de superación.

Esperamos que el plan de alfabetización tenga los ajustes necesarios para que alcance el nivel de calidad que le permita lograr el éxito. Pero también que los beneficiarios logren aquilatar la oportunidad que tienen en sus manos.

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