Una oposición política sin valor


Una oposición política sin valor
Por: Nery Alexis Gaitán

Se supone que los partidos políticos en la llanura forman oposición política al gobierno de turno para contarle las costillas y de paso señalar los desaciertos en que incurre en la administración del país. Oposición que tiene como finalidad proteger los intereses de las grandes mayorías.

Pero en Honduras, el país de lo inverosímil, en donde el plomo flota y el corcho se hunde, la oposición política o se alía completamente al gobierno en una pasmosa complicidad o no le interesa criticar los errores gubernamentales. Las razones son varias, pero sobresale su indiferencia ante el dolor y las amarguras cotidianas que sufren los pobres de nuestro país.

Si por un lado el gobierno es incapaz de resolver todos los problemas sociales, por otro lado hay que reconocerle que no tiene una varita mágica para solucionar todos los males como por arte de magia. Y es que los males que sufren los pobres de Honduras no se han gestado en los dos años que lleva en el poder la actual administración nacionalista, sino que se vienen arrastrando desde siempre.

La corrupción y la impunidad han sido los flagelos que han azotado inmisericordemente al pueblo, quien es el que siempre paga por los platos rotos. La corrupción se ha instaurado en todos los estratos de la sociedad; no hay quien la detenga; son pocos los interesados en presentarle una batalla frontal. A ello hay que agregarle otros males sociales: el desempleo, analfabetismo, un sistema de salud colapsado; en los últimos años se ha incrementado el narcotráfico y el crimen organizado, así como las maras con el impuesto de guerra; la violencia es parte de la cotidianidad en Honduras.

Y es que nuestro país sufre de pobrera extrema, la miseria agobia a la mayoría de la población. Según datos recientes, el 62% de los hondureños sufren los rigores de la miseria. Esa es la terrible realidad catracha; esa es la desdicha que soportan día a día los menesterosos en nuestro suelo.

Ante tal panorama desolador, se necesita ser muy duro de corazón para no solidarse con los pobres de nuestro país. Por lo tanto, el gobierno debe tener como prioridad mejorar las condiciones de vida de la población hasta donde le sea posible. Y la oposición política debe orientar sus críticas tomando en cuenta los derechos de las grandes mayorías.

Pero en Honduras la oposición política se dedica en exclusiva, las 24 horas del día, a tratar de desestabilizar el gobierno, con una agenda política que tiene como finalidad crear caos y violencia social. Creen que en río revuelto ganancia de pescadores y que al interrumpirse el periodo presidencial, ellos fácilmente se tomarán el poder.

El Partido Libertad y Refundación (Libre) no entiende razones, y empeñados en llegar al poder de la forma que sea, para instaurar el desfasado Socialismo del Siglo XXI y eliminar nuestra democracia, solamente genera violencia constante. En ningún momento presenta una oposición política en donde tome en cuenta las necesidades del pueblo hondureño; solo hace planteamientos superficiales, sin ninguna trascendencia, de tipo político. Además, la mayoría de sus dirigentes, creyéndose los dueños del Partido, se encuentran en una lucha constante por mantenerse en el poder. Parece que lo único que les interesa es gozar de las prebendas obtenidas.

El Partido Anticorrupción es una burla, una estafa al pueblo hondureño, sin tener ningún ideario político; su dirigente es un bufón que nunca ha dado muestras que le interesa el bienestar de los pobres y creyéndose “divino”, cree que puede hacer y deshacer en el Partido. Solo habla sandeces y desconoce lo que es plantear propuestas de calidad.

El Partido Liberal se ha aliado erróneamente con Mel Zelaya. Villeda nunca entendió que Mel lo estaba utilizando; ahora se encuentra en un silencio cómplice que lo desvincula del pueblo. Los demás partidos no son significativos en el panorama político y su voz no se escucha.

En síntesis, actualmente la oposición política en su conjunto está interesada solamente en sus intereses de partido o en intereses personales. El bienestar de las grandes mayorías no es parte de su agenda. Y de remate los seguidores de Libre crean violencia social y desconocen malévolamente los logros de la actual administración nacionalista.

Una oposición política como la nuestra ha perdido el rumbo de la paz y la democracia. El amor por Honduras está ausente; su discurso no tiene ningún valor en la hondureñidad. ¡Qué tristeza e indignación se manifiestan a la vez, al ver cómo se burlan del pueblo hondureño!

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