REFORMAS ELECTORALES Y EL “TILíN, TOLÓN”

REFORMAS ELECTORALES Y EL “TILíN, TOLÓN”


Editorial La Tribuna

NO hay mejores sitios que la cooperación.internacional pueda utilizar como laboratorios de experimento que estos países acabados y dependientes. Aparte que aquí hay un placer especial por el manoseo de afuera, la presunción es que cualquiera puede venir a poner a marchar a la clase política –que alborozada recibe esa injerencia, con los brazos abiertos– sobre las reformas electorales dizque el país ocupa para perfeccionar su incipiente democracia. Cuando de dar recetas se trata, poco interesa la idiosincrasia o la forma de ser del hondureño, o la evolución que haya experimentado el país en el trayecto de construir sus instituciones. El afán consiste en atragantarle modelos copiados de otros lados, porque lo que funciona allá por fuerza debe funcionar acá. Muchos de los procesos electorales exitosos que ha ensayado el país –vale la pena recordarlo– desde la vigencia de la actual Constitución emitida por la constituyente del 82, hasta la fecha, han sido el resultado de los consensos que los partidos políticos han logrado por cuenta propia –entre nosotros mismos– sin necesidad de intromisiones ajenas.
Claro que con sus irregularidades, quejas, inconvenientes y fallas, como siempre habrá en todo proceso comicial, pero al fin de cuentas, ninguna elección, en el tiempo que llevamos hasta ahora, ha terminado fallida o ha desencadenado en una crisis. Todo lo contrario, pese al cuestionamiento internacional, después de aquel horrible conflicto que amenazaba ser un caos interminable, fue una elección –con todo y el aislamiento que vivía el país, castigado por la cosa aquella– lo que pudo devolverle el rumbo a la República. Las fuerzas políticas nacionales, con una excepción, no se dejaron amedrentar y mostraron, contra viento y marea, su obstinación de salvar a la patria. Con todo y los regaños, la falta de apoyo internacional y las dudas, culminaron con buen suceso el proceso electoral y en el transcurso lograron reparar la lastimada democracia. A contrario sensu, imposible olvidar cuando un señor Avina del PNUD, dedicó toda su gestión a departir con políticos y compañeros de chupa de la sociedad civil, induciéndolos a la tarea impostergable de hacer reformas electorales. Por el prurito de hacer reformas –ya que la sociedad nunca supo exactamente el fondo de lo que quitaban y lo que ponían– trastearon la Constitución, trastocando mucho de lo que ya funcionaba. Varios de los cambios introducidos con el tiempo fueron motivos instigadores de crisis que sufrió el país.
Por quitar la inmunidad a los diputados, dizque en un gesto de eliminar privilegios, eliminaron la facultad del legislativo de declarar funcionarios públicos con formación de causa, volándose la figura del juicio político previsto por los constituyentes. Después del bochinche aquel –del que no aprendieron lección alguna– tuvieron que volver a reformar la Constitución para restituirlo. Para economizar dinero se les antojó sustituir los designados por un vicepresidente. En aras de la transparencia inhabilitaron a los presidentes del Congreso impidiéndoles postularse a la Presidencia de la República. Todo lo anterior y otras linduras, sin percatarse que al hacerlo tocaban los artículos pétreos constitucionales. Esas diabluras fueron declaradas inconstitucionales por sentencia de la Corte Suprema de Justicia. Solo para que vean cómo de afuera vienen a tocar las campanas para que hoy repiquen y mañana doblen. La Constitución del 82 daba el derecho a los partidos de tener su representante en el TSE. Pero eso lo reformaron, para despolitizar el Tribunal. Argumentaron que los partidos manejaban el TSE por medio de sus representantes y que para despintarlo debían sacar sus manos. Para darle mayor autonomía e independencia dispusieron que el Congreso Nacional nombrara magistrados nacionales y ya no representantes de los partidos políticos. Pero ahora como que eso estorba, ya que los grupos que se consideran excluidos, nuevamente quieren que la cosa sea como era antes. Tener su mandadero. Ayer era tilín, y hoy vienen a dar cátedra del exterior que el toque de moda es “tolón”. (Continuará, otro día)

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