Masacres e indefensión

Masacres e indefensión


Editorial El Heraldo

Las cuatro masacres, con un saldo total de 27 muertos, ocurridas entre el pasado martes y el domingo, en distintos departamentos, son un dramático recordatorio del clima de inseguridad y violencia en que vivimos los hondureños, y obviamente también de las carencias en la lucha contra los delincuentes de toda laya.

El primer caso ocurrió el martes en una estación de buses de Choloma, Cortés, cuando individuos encapuchados, con distintivos policiales y fuertemente armados dispararon a mansalva contra conductores, cobradores y despachadores, matando a ocho de ellos. El hecho ocurrió al mediodía en las cercanías de una posta policial.

Considerando el hecho de que el transporte público, así como muchos otros negocios, pagan el “impuesto de guerra”, principalmente en las grandes ciudades, y que casi mil trabajadores de ese rubro han sido asesinados en los últimos años, resulta obvio que esta nueva atrocidad es parte de la táctica de terror para asegurarse que las víctimas no se resistan a la extorsión.

Al día siguiente en una zona marginal de la capital, conocida por el sugerente nombre de El Infiernito, fueron asesinadas otras siete personas que fueron sacadas de sus casas en la oscuridad de la noche para después ser acribilladas. Pocas horas después del hecho, los voceros policiales abundaron en supuestos detalles de los hechos e incluso se presentó ante las cámaras rápidamente al supuesto autor intelectual y material, a quien el viernes le fue dictada la detención, pero acusado por otro delito. Las masacres de siete personas, en Santa Bárbara, el sábado, y otras cinco en Copán, el domingo, por pleitos personales, según las autoridades, cierran este cruento y corto ciclo de muerte, arriba mencionado.

De nuevo volvemos a escuchar desde promesas de que “estos crímenes no quedarán impunes” hasta intentos de manipular los hechos, ya sea para pretender mostrar una eficiencia que la realidad desmiente a diario e incluso para intentar envolver el fracaso en oropel de éxito, sin faltar las “propuestas de solución” solo para atraer titulares, pero que siguen sin tocar el fondo del asunto

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