Se desgrana la mazorca del sur

Se desgrana la mazorca del sur

Por Roberto C. Ordóñez

En tiempos del Poder Ciudadano, me encontré con uno de los ministros de turno. Al preguntarle de dónde venía tan alegre, me contestó: “Vengo del sur” y cuando le pregunté el estado de la carretera entre Tegucigalpa y Jícaro Galán, me dijo con una carcajada: “No seas maje viejo. No es ese de ese horrible sur. Vengo de Sur América”.

Yo tampoco me referiré hoy a las mazorcas de maíz que se secaron en el sur de Honduras por falta de lluvia, donde los agricultores apenas cosecharon unas tullidas mazorquitas con pocos granos.

Me referiré, como ya lo han hecho otros columnistas, a la mazorca de los ñangaritas de Sudamérica que empezó a desgranarse en Argentina, con la caída de la dinastía Kirchner, a cuya última heredera no le pasa la macaneada, tan dolorosa que la ha hecho perder los estribos.

Está tan rabiosa que no quiso entregarle la banda presidencial a su sucesor, el ingeniero civil Mauricio Macri, graduado en Argentina y con estudios superiores en las universidades norteamericanas de Columbia en New York y Filadelfia en Pensilvania.

Pero el peronismo-kirchnerismo-populismo sigue vivo y domina el Congreso, dejando atado al nuevo gobierno en muchos aspectos. Entre otras picardías, durante los dos gobiernos al hilo de la doña se falsearon las estadísticas oficiales tratando de engañar al mundo.

El nuevo presidente empezó con pie derecho quitando de un solo plumazo los impuestos a las exportaciones de productos agropecuarios, causantes de que doña Cristina pasara siete años peleando con los masoquistas del agro gauchos que por fin verán el sol claro.

Pero la petateada al populismo kirchneriano se quedó chiquita con la aporreada que le pegó la oposición a Nicolás Maduro en Venezuela. Fue, como diría García Márquez, una derrota anunciada.

Hasta yo que no soy político, analista ni mucho menos, la presentí en mi artículo “Nicolás está Maduro”.

En los primeros momentos de la derrota, cuando la incondicional señora del Tribunal Electoral leía con tristeza los resultados, el iletrado Maduro se mostró sereno y dijo que el pueblo venezolano se había expresado en las urnas y felicitó a la oposición.

Pero al día siguiente, posiblemente ya con el oído alegre por los sobalevas que siempre rodean el poder, cambió su discurso.

Dice que en los días que le quedan de dominio de la asamblea nombrará a doce magistrados de la Corte Suprema y que sí la mayoría de los diputados que tomen posesión el mes entrante decretan una amnistía para los presos políticos la vetará. Posiblemente ignora que con los dos tercios de la asamblea en manos de la oposición, esta puede ratificar constitucionalmente el decreto de amnistía.

También dice que durante el resto de su mandato gobernará con el pueblo en las calles, apoyado por los militares, lo cual no será fácil.

Con esa mayoría, el MUD puede hacer micos y pericos en la asamblea, incluso destituirlo o convocar un referéndum revocatorio que viene a ser lo mismo.

En vez de resolver los problemas que dejó el finado, Maduro los ha agravado. La inflación del 205 por ciento es la mas alta del mundo. La devaluación del bolívar sigue en caída libre, igual que los precios mundiales del petróleo.

El todavía autócrata le echa la culpa de sus descalabros al imperialismo internacional; a la oligarquía; al brutal y salvaje capitalismo neoliberal; a los pitiyanquis, como les decía el difunto a los norteamericanos y a todo el que se le ocurra. El hombre no deja títere con cabeza.

Los que deben estar con el cheto a dos manos son los protegidos de doña Alba y de don Petrocaribe. Los días del petróleo regalado o barato están contados.

Ni el pajarito que le cantaba desde una rama podrá salvarlo. En las redes sociales circula un montaje de Maduro luciendo en la frente una cagada del pajarito.

A otra que le andan las moscas es a la exguerrillera Dilma Rousseff. Con el índice de aprobación más bajo en la historia de Brasil y envuelta en muchos escándalos de corrupción, quien sabe cómo le vaya en el juicio político gestado por la oposición.

La mazorca populista sureña se desgrana con más pena que gloria…

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