Corrupción y fútbol

Corrupción y fútbol

Por Juan Ramón Martínez



Cuando el secretario general de la FIFA, se entregó a las autoridades de los Estados Unidos, nos enteramos del comportamiento deshonesto de gran parte de los dirigentes del fútbol de América. Ahora que capturan y encarcelan a Hawit en Suiza, y Estados Unidos solicita la extradición de Callejas, nos damos cuenta que el fútbol de Honduras, también está implicado en la más grande trama delictiva que se tiene idea en toda la historia de nuestros países. La venta de votos para integrar directivas, elegir sedes para los campeonatos mundiales, cobros de comisiones ilegales por derechos de transmisión y otras irregularidades, nos confirman que en el continente, ha operado una mafia, interesada en el lujurioso gozo del dinero mal habido, que no solo ha herido los sentimientos de los seguidores del fútbol, sino que además ha comprometido la imagen de una actividad en la que hasta ahora, creíamos que campeaba el respeto a la ley, la defensa de los valores deportivos y el honor de las banderas bajo los cuales operaban los dirigentes. Ahora, constatamos que se ha jugado con la buena fe de los deportistas, se han deshonrado la confianza del público que ve en el fútbol la quinta esencia de sus mejores aspiraciones; llevándose de encuentro la imagen y la credibilidad de una organización que, por el número de países, constituye una clara representación planetaria de la ciudadanía mundial.

Al conocerse la captura de Hawit en Suiza y la petición de extradición de Callejas ha afectado mucho, aunque nos resistamos a aceptarlo, a la totalidad de los hondureños. En primer lugar, a los que creen en la buena fe y honestidad de los dirigentes del fútbol. En segundo lugar, a otros que, sin prueba alguna, por animosidad, asumen que los implicados son responsables. Y en tercer lugar, no pocos, consecuentes con su forma de ver las cosas, celebran lo ocurrido, creyendo que por ese medio, se hará justicia y se castigará a los deshonestos. Al margen de lo anterior, serán los tribunales los que digan la última palabra, después de dar a los implicados, los derechos de defensa correspondientes.

Con todo, hay que evitar la simpleza y la ingenuidad. O caer en un análisis subjetivo del asunto. Por más popular que sea el fútbol, no representa el honor de Honduras. Ni tampoco el comportamiento irregular de dos o más compatriotas, implica que los hondureños seamos deshonestos e inmorales. Hay que separar las cosas. Callejas y Hawit, no representan el honor de Honduras. Su probable implicación en actos irregulares, es una cuestión suya. Y su implicación en acciones perseguidas por una fiscal de los Estados Unidos, tiene un tinte personal que incluso, no debe afectar a la totalidad de la dirigencia deportiva hondureña. Y mucho menos a los millones de aficionados que, de alguna manera, les han dispensado a los implicados, un elevado grado de confianza; e incluso simpatía. Por manera que, no hay que caer en la trampa de los nacionalismos; ni mucho menos en la irregularidad de creer que la acción jurídica en contra de los señalados, debe producir alegría y satisfacción. La acción de los Estados Unidos en contra de la FIFA se deriva de la confesión del estadounidense Secretario General de la misma, la declaración de los dirigentes de las firmas intermediadores de los negocios de trasmisión televisiva, y al hecho que para efectuar las transacciones delictivas, se haya usado bancos de Estados Unidos, ubicados en territorio de esta nación.

En fin, la identidad nacional con personas, termina cuando, estas abandonan la legalidad, la decencia y la honestidad. Dejan de ser hondureños, para efectos de sensibilidad y cariño, los que tentados por el dinero fácil, cometen delitos contra las personas; o actúan en contra de los intereses nacionales. De forma que, lo que queda, porque es inevitable, son las expresiones de sorpresa, incredulidad –que finalizarán con la sustanciación de los procesos– e incluso, pena y vergüenza. Al final, hay que esperar que sean los tribunales, los que decidan y deslinden, en apego a la ley, la verdad de los hechos. Los que incurren en actos ilegales, son responsables. Si, tienen derecho a defenderse. El que debe garantizarse. Es duro; pero así son las cosas. Nosotros no somos jueces. Por eso, no juzgamos.

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