Con la muerte de nuestros compatriotas ¡no se hace política!
Con la muerte de nuestros compatriotas ¡no se hace política!
Por Boris Zelaya Rubí
Bienaventurado el dirigente que sabe a dónde va, por qué y cómo llegar. Sin ser un “X” (equis) hombre o un “O” (cero) a la izquierda.
“Centroamérica es una región que siempre ha sufrido la violencia interna y todo tipo de dictaduras. Pero entre ellos Costa Rica ha logrado vivir en paz”.
En Honduras, el Ejército crece en diferentes ramas, Policía Militar, Fuerza Antimotines, etc. Se gasta en helicópteros, reparación de aviones de guerra y todo tipo de armamento incluyendo unidades de transporte etc., todo financiado con el presupuesto general de la República, más los ingresos provenientes de la Tasa de Seguridad Poblacional o “el tasón” como le denomina el pueblo, a las nuevas cargas impositivas creadas para ese fin.
Los ciudadanos se preguntan ¿contra quién podríamos enfrentar un conflicto bélico? Aunque en cada país las condiciones sociales son diferentes, en Honduras las artimañas desgastadas de los marxistas leninistas miembros de la izquierda, disfrazados de Partido Libre, resistencia popular, algunos indignados, buscan el poder a como dé lugar, pero nuestras Fuerzas Armadas y sus cuerpos de inteligencia saben quiénes están incitando a la rebelión. ¿No sería mejor imitar a los costarricenses y tratar de instruir al Ejército, hasta convertirlo en una fuerza policíaca, que le brinde seguridad a la ciudadanía, siempre con un grupo especializado, por si algún día tuvieran que defender nuestra integridad territorial o garantizar el orden constitucional? Contaríamos con más recursos económicos para invertir en educación y hospitales (nuestros hermanos costarricenses tienen un 4% de analfabetismo ¡que envidia!) Cuando decimos que el cambio debe ser paulatino, es porque el soldado actúa en función del enemigo y en ello arriesga su vida, mientras el policía, por ordinaria o extraordinaria que sea la situación, no tiene ni puede considerar a ningún integrante de la sociedad, así sea el más peligroso de los delincuentes, como su enemigo. Habría que cambiar la actitud del soldado hacia los ciudadanos, para instruirlos en servir y proteger a la sociedad.
Nosotros podríamos imitar lo bueno y por supuesto pagar mejor a los guardianes del orden, capacitarlos y equiparlos adecuadamente, porque en cualquier momento pueden perder la vida. Tienen que estar seguros que sus familiares no quedarán desamparados, si llegaren a faltar y que la profesión tan riesgosa que han escogido, les permitirá llevar una vida digna sin que les falte techo, comida y salud. Además de hacerlos cumplir con su deber, los alejará de las famosas “mordidas” que piden o les ofrecen actualmente para vivir relativamente bien, con riesgo de salir de la Policía con deshonra y seguir haciendo lo más fácil: ¡asaltar a la ciudadanía!
Si se llegara a comprobar, que existen fuerzas externas que se presten a fomentar la rebelión en nuestro país, brindando apoyo con mercenarios, dinero y pertrechos de guerra a los enemigos de nuestro sistema democrático, podríamos considerar que están violando nuestra soberanía y lo más acertado sería la intervención de nuestras fuerzas entrenadas para tal efecto.
Señor Presidente, priorice, la vida humana no tiene precio hay que preservarla a toda costa, aunque tenga que limitar sus excursiones a las montañas para ejercitarse o crear parques, o repartir bolsas de comida, porque si seguimos como estamos, no tendrá a quien regalarles nada ni activar a nadie, solamente mandarles a oficiar misas para que descansen en paz, a los que no les brindó la seguridad, que debería ser su primordial ocupación por el momento, de lo contrario estaría opacando su gestión y al terminar su período de cuatro años, los ciudadanos lo recordarían como un mal gobernante, por supuesto sin ni siquiera atreverse a pensar en reelegirlo nunca.
Escuchamos a un exaspirante a la Presidencia de la República (que de seguir así, ni su esposa ¡perdón! nadie votará por él), referirse irresponsablemente a las recientes masacres, en el sentido de que las muertes se deben a una estrategia del partido en el poder, según él con el propósito de obtener fondos del exterior, o sembrar el caos para aplicar el “puño de hierro” como decía aquél que pasó “sin pena ni gloria”. Este sujeto, para evitar responsabilidades penales, utilizó palabras que no aseveraban ni negaban estos hechos, manifestando que el Partido Nacional podría, estar fomentando violencia. ¿Intrigante por naturaleza?
De rodillas solo para orar a Dios.
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