Vivir bien hoy y morir mañana
Vivir bien hoy y morir mañana
Por: Boris Zelaya Rubí.
“La diosa fortuna caprichosa, es una diosa malvada que favorece siempre a las mismas personas”.
Cuando existía el servicio militar obligatorio los jóvenes que no hacían nada, eran los preferidos para ser reclutados, había quienes (muy pocos y por necesidad) se presentaban voluntariamente. Estos aparte de la instrucción militar, cursaban la educación primaria, se les proporcionaba comida, techo y uniformes; además una cantidad mensual que aunque no era sustanciosa, les servía para comprar algunos efectos personales y enviar a sus familiares algo que ayudara al gasto. Salían preparados y disciplinados para enfrentar la vida y ser útiles a la sociedad, otros decidían permanecer en la institución convirtiéndose en militares de carrera ¡algunos llegaron hasta a jefes de Estado!
Jóvenes que no estudian ni trabajan: ¿Cuántos son? ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? Antes se les reconocían como “vagos”, ahora en su mayoría, se han integrado a pandillas que tienen atemorizada a una gran parte de la población, y se hacen llamar, en su muy particular lenguaje o caliche como le dicen al idioma del bajo mundo: ¡maras! La mayoría han sido deportados por haber cruzado la frontera con Estados Unidos de Norteamérica en forma ilegal (“mojados”). En los años del 2010 al 2012 fueron repatriados (expulsados) 100,000 originarios de El Salvador, Guatemala y Honduras, la mayoría delincuentes.
Se da el caso de padres con numerosos hijos, que abandonaron el campo para probar suerte en la ciudad, sumándose a los miles de habitantes de barrios marginados, en viviendas construidas con cartones y pedazos de láminas. Se enfrentan con la cruda realidad, que sin tener ninguna preparación, solo trabajan de vigilantes con machete, cargadores de bultos en el mercado o pepenadores de latas y botellas usadas para venderlas a los que exportan materiales reciclables, obteniendo ingresos que no les alcanza para satisfacer sus necesidades básicas. La madre ayuda recogiendo desperdicios de madera, para encender un improvisado fogón y hacerles, cuando hay, un poco de comida para alimentarlos. El gobierno, desarrolla programas procurando el bienestar de la comunidad, haciendo todo lo posible para combatir la miseria. Tiene que frenar ese aumento de la población que vive en condiciones paupérrimas.
La vida del campesino convertido en citadino es calamitosa, su mujer apenas puede con la carga de los cipotes, que cuando alcanzan los 10 años abandonan el hogar, si es que se le puede llamar así a la pocilga en que habitan, perdiendo los hijos por el reclutamiento que hacen las “maras” donde delincuencialmente encuentran dinero y protección, aunque signifique ¡vivir bien hoy y morir mañana! Con la esperanza de tener de todo como los vástagos de ricos y famosos, porque Dios no les hizo el milagro de nacer en cunas de oro.
La situación de miseria en el Triángulo Norte de Centroamérica, es la misma, con sus variantes, pero con las mismas consecuencias ¡maras y crimen organizado!, No pretendemos hacer una exposición del origen o culpas de la pobreza en nuestra nación, sin embargo estamos de acuerdo en que, mientras se generan oportunidades de capacitación y empleo de jóvenes, simultáneamente se mantengan los programas de fortalecimiento económico a las familias, como las bolsas solidarias, ayudas a los adultos mayores y bonos a las madres solteras. De lo que se trata es mantener a la niñez y adolescencia fuera de la calle, disminuir la deserción escolar, apoyar la seguridad alimentaria y cubrir más la población rural con medicina preventiva.
Ahora que se circula libremente por la mayoría de los países centroamericanos, exhibiendo solo la cédula de identidad, permite a las temibles “maras” fortalecerse como organización internacional, ampliar sus redes de criminalidad y cimentar sus relaciones delictivas. ¿Cómo insertar esa juventud para un desenvolvimiento social normal? ¿Correccionales para los jovenes acusados de delitos menores? ¿Penas severas para los asesinos? ¿Servicio militar voluntario, sin delincuentes? ¿Buscar ayuda internacional para evitar que las cárceles se conviertan en universidades del crimen? El Presidente y la comunidad internacional tienen las mejores intenciones y están desarrollando grandes proyectos en ese sentido, el asunto es que la solución no es a corto plazo, queda un largo camino y cualquier gobierno instalado debe darle continuidad a los programas para desarticular estas maras y se nos devuelva la paz y tranquilidad que merecemos todos los hondureños.
De rodillas solo para orar a Dios.
Comentarios
Publicar un comentario