LA GOTA DEL CASTILLO Y LA DEVALUACIÓN
LA GOTA DEL CASTILLO Y LA DEVALUACIÓN
Editorial La Tribuna
UNA nota aparecida en Monitor Económico de este rotativo da cuenta que –según el informe del Consejo Monetario Centroamericano– Honduras es el segundo país con más devaluación en la región. En 24 horas la moneda se devaluó de 22.7635 por dólar a 22.7661. Los datos que ofrece el “Reporte Mensual de Tipo de Cambio Real” del CMCA refiere que la moneda hondureña sufrió una devaluación de 3.8% en el 2015. Solo Nicaragua supera a Honduras en los niveles de la depreciación. Aunque el informe aclara que en El Salvador la moneda está dolarizada. Después que denunciamos el deslizamiento pronunciado de la moneda –decíamos en un artículo anterior– que durante bastante tiempo se sostuvo en 19 lempiras por dólar pero que, unas semanas atrás –a fuerza de groseros empellones– estaba a 22.74 lempiras, el Bantral –a regañadientes– detuvo el deslizamiento. Los editoriales escritos sobre la desplumada del indito Lempira calaron.
Aunque la autoridad monetaria intentó desmentir que fueran instrucciones de las aves agoreras, por lo que tuvimos que refrescarle la memoria citando el boletín oficial del 9 de junio de 2014, cuando el Directorio Ejecutivo del FMI concluyó la consulta del Artículo IV con Honduras: “Los directores alentaron a las autoridades a estar listos a ajustarla (la política monetaria) para proteger las reservas internacionales o mantener la inflación bajo control. Los directores tomaron nota de la evaluación del personal técnico del FMI de que el lempira se encuentra un tanto sobrevaluado, y estuvieron de acuerdo en que una mayor flexibilidad cambiaria dentro del actual régimen fortalecería la posición externa y aliviaría los costos del ajuste fiscal. En el mediano plazo, las autoridades también podrían considerar un régimen más flexible, como parte de la modernización del marco monetario”. (En otras palabras les ordenaron que devaluaran). Desde que la banda cambiaria se reactivó en junio del 2011, el lempira ha perdido 19% de su valor. Los empellones para hacer que el indito se desplome del peñasco cesaron a raíz de las denuncias formuladas por este rotativo afianzadas con varios editoriales. Sin embargo ahora que la aves agoreras estuvieron de visita en Tegucigalpa seguramente les halaron las orejas a los burócratas nacionales, conminándolos a continuar con el cortejo fúnebre. De allá para acá la devaluación de la moneda ha continuado, centavito por centavito, como la gélida gota ininterrumpida que le caía a los presos en la Fortaleza de San Fernando o Castillo de Omoa.
Ya explicamos hasta la saciedad –para que le entre hasta al más duro de cabeza– que la curva de la demanda en el exterior para los postres que exportamos es inelástica, así que la devaluación, solo beneficia a los consumidores de afuera que compran más barato lo que vendemos y perjudica al consumidor nacional que paga más caro por lo que importamos. Lo que no alcanzamos a entender es por qué el Bantral sigue devaluando cuando la evaluación del FMI, contenida en un boletín del 19 de febrero, revela que “el mejor desempeño de la economía hondureña fue impulsado por una recuperación en el crecimiento económico de Estados Unidos, mejores términos de intercambio y fuertes entradas de remesas”. “Simultáneamente, los menores precios internacionales en los combustibles redujeron la inflación a 2.4 por ciento al fin de año”. “Estos factores también apoyaron un aumento de 307 millones de dólares en las reservas internacionales netas a 2,783 millones de dólares al cierre de 2015, en tanto que las reservas internacionales brutas alcanzaron el equivalente de 4.6 meses de importaciones”. Las cifras que ellos mismos ofrecen indican que debería haber mayor estabilidad de la moneda. ¿Entonces, cuál es la gana de seguir devaluando, a no ser que tramen una emboscada para arrinconar al pobre pueblo pobre?
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