Rebelión en Hamelín

Rebelión en Hamelín

Por: Julio Raudales
“Al oír la melodía que emanaba del instrumento mágico, todas las ratas de la ciudad siguieron frenéticamente al músico. Este las guió con pericia en dirección a un río que acabó arrastrándolas hacia la muerte. Cumplida su misión, el flautista regresó a Hamelín para cobrar los mil florines que el alcalde había prometido. Para su sorpresa, este se negó a pagar”.

¿Para su sorpresa? La verdad es que no debe asombrarnos mucho que el alcalde se negara a pagar. De todos modos el mal ya estaba curado. Las ratas habían muerto y no había incentivos para que “los contribuyentes de Hamelín” gastaran mil florines en recompensar al músico y “sacrificar” otros gastos importantes como camas de hospital, maestros de escuela o buenas carreteras.

¡Por favor no me entiendan mal! No estoy reafirmando aquí esa convicción colectiva de que los políticos poseen una irrefrenable, sistemática y patológica tendencia a incumplir impunemente sus promesas. Más bien, lo digo porque desde el punto de vista de la sociedad de Hamelín, lo mejor que podía pasar es que, una vez eliminadas las ratas, el dinero público se utilizara para satisfacer otras demandas sociales, que seguramente las había en gran cantidad.

No quiero justificar la mentira o la falta de ética, vicios comunes en nuestra sociedad occidental, pero me parece muy natural que mientras exista un problema, los responsables ofrezcan el cielo y la luna a quien logre resolverlo. Sin embargo, una vez desaparecido, lo mejor para todos es que no se pague. Lo que es bueno antes de que se solucione un problema, deja de serlo después de resuelto.

Lo que asevero en el párrafo anterior es un fenómeno tan común en nuestro mundo, que los economistas le han dado un nombre propio: “Inconsistencia temporal”, de hecho, es tan importante que dos de los primeros científicos que lo analizaron, Finn Kydland y Ed Prescott, recibieron por ello el Premio Nobel de Economía en el 2004.

Lo interesante es que la conclusión a la que llegan es realmente deprimente: Cuando la gente inteligente entiende la inconsistencia temporal, el resultado social suele ser, digamos… trágico.

Permítanme explicar esto con un ejemplo de terrible actualidad. Los secuestros: Antes de que se produzcan, lo mejor que puede hacer el gobierno es perjurar que no negociará con los criminales, ya que estos saben que si no sacan nada no correrán el riesgo de chantajear y entonces se acabará la extorsión. El problema es que una vez producido el secuestro, lo mejor que se puede hacer es negociar, ya que una vida es más valiosa que unos millones de lempiras. Este conocimiento da a los secuestradores incentivos para delinquir.

Otro ejemplo de actualidad es la lucha contra el SIDA. Mientras no exista una vacuna, los gobiernos prometen a los institutos de investigación y empresas farmacéuticas que respetarán sus derechos de patente y podrán obtener grandes ganancias por la venta de su producto. Pero los productores e inversionistas anticipan que las autoridades les obligarán a proporcionar la fórmula encontrada y eso desincentivará la investigación.

Una última ilustración es la negociación de contratos colectivos con sindicatos. Generalmente, el gobierno define como marco de las conversaciones entre patronos y trabajadores, que no hará impresión de dinero para evitar la inflación. Pero los trabajadores saben que una vez que se produce un desmesurado aumento en los salarios, los gobiernos terminarán presionando a los bancos centrales y estos terminan haciendo emisión inorgánica, lo cual desemboca en inflación elevada.

La inconsistencia temporal está en todas partes. La pregunta es ¿qué hacer para solucionarla? Pues la verdad es que es difícil. Los hermanos Grimm inventaron un final para el cuento: En él, el ingenioso flautista se llevó con su canto a todos los niños del pueblo y así obligó a sus habitantes a pagar. En la vida real, las respuestas están también en otra “flauta mágica”.

La creación de fondos que financien la investigación y el desarrollo de medicamentos, tales como el “Fondo Mundial” que las Naciones Unidas implantaron en 2002 y que dota de antiretrovirales a los países pobres; penas muy severas para los secuestradores que sean atrapados y autonomía para los bancos centrales, pueden quitar incentivos perversos a los gobiernos y mejorar la gestión social minimizando su intervención.

Estas y otras iniciativas pueden ayudar a las sociedades a encontrar la flauta mágica y combatir la inconsistencia temporal.

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