El juego del poder

El juego del poder

Por:  Aldo Romero
Periodista y catedrático universitario
En un entorno político viciado, deteriorado y con escasez de liderazgo, es muy normal encontrar en los países con democracias y sistemas de gobierno débiles por la falta de representatividad ciudadana, una marcada obsesión por ejercer control y poder mediante la manipulación de masas con políticas mediáticas de corte populista que en poco o nada abonan al desarrollo social y económico.

Como si se tratara de los argumentos técnicos casi perfectos en el fútbol, o la mejor idea táctica y total concentración en el ajedrez, el término “juego del poder”, refiere precisamente esto, a la frecuente interacción de estrategias de distracción cuidadosamente diseñadas y por medio de las cuales, la clase política ejerce control y hace prevalecer su sistema sobre los diferentes sectores sociales.

El juego del poder se presenta a diario en las diferentes esferas políticas, las maniobras estratégicas en el Congreso Nacional para mover las leyes a su antojo y conveniencia, la utilización de los recursos financieros del Estado para ganar voluntades y contratar o poner a su favor a los contrarios y qué decir de las hábiles maniobras legales e ilegales posibles para hacer prevalecer intereses.

No es extraño entonces, encontrarse con que el juego cambia de acuerdo a las circunstancias y los tiempos, la estrategia que en un momento se desechó por considerarla inapropiada, años después se convierte en la base del sistema vigente, los jugadores también se acomodan a los sistemas de juego, dinero llama dinero y poder llama poder.

También se ejerce control sobre los demás mediante la intimidación, la mentira sobre las reales intensiones políticas o modificando sutilmente las percepciones sobre los verdaderos problemas del país, es inconcebible por ejemplo, que en medio de una crisis de inseguridad social, violencia y pobreza, se siga hablando de política como tema de prioridad.

Fuera del campo de juego la mayoría de la gente, espectadores silenciosos muchos conocen en gran medida las tácticas, las intensiones, los participantes, sus acuerdos y desacuerdos, saben que numerosos sectores al final terminarán por acomodarse a un sistema a cambio de favores o simples conveniencias aunque conocen de la inexistencia de políticas públicas concretas y de la necesidad de cambios urgentes.

El sistema político hondureño contempla una serie de normas que se aplican a este juego del poder y que exige que ciertos cargos públicos, entre ellos el de presidente de la República, deben ser electos por determinado tiempo y según la preferencia de los ciudadanos en procesos electorales abiertos y transparentes, pretender ir más allá de esta normativa es recurrir a estrategias deshonestas e ilegales para ganar una partida.

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