Entre pipiolos y muertos andantes

Entre pipiolos y muertos andantes

Por Boris Zelaya Rubí

“No intentes hacer daño a la gente ni ir contra la ley. Tarde o temprano vas a pagarlo todo. No puedes utilizar tu poder o fuerza para machacar al más débil. Tu gobierno te castiga, la sociedad te castiga, lo más importante: nadie escapa”.

Como siempre se ha comentado: En política no hay muertos… hasta que están bajo siete cuartas de profundidad en la tierra. En algunos partidos políticos de nuestro patio, están surgiendo tantos aspirantes a la candidatura por la Presidencia y cargos de elección popular, que más pareciera el día del juicio final, se han levantado de sus cenizas como el ave fénix o a lo mejor en sus desvaríos por volver piensan: “he cometido muchos errores pero merezco otra oportunidad”, resucitando de entre los que se creían muertos políticamente.

En otros partidos mal llamados de bolsillo, sus líderes se han convertido en amos y señores siendo su palabra la única ley. Luchan los aprendices a dictadorzuelos contra el tiempo, tiñéndose las canas de su escasa cabellera y en algunos casos hasta el bigote de color negro azabache, o como dice el vulgo “azanatados”, otros se maquillan y han recurrido exageradamente al botox, famoso tratamiento contra las arrugas.

En esta nueva aventura electoral para muchos que se quedaron en el pasado y con el estilo de ofrecer y mentir, donde la voluntad popular sigue siendo objeto de manipulación, por un modelo político clientelar que se define como perverso y antidemocrático, tratan de demeritar al actual gobierno, jurando que eliminarán la pobreza y cualquier acción del Ejecutivo es mala y ellos como por iluminación divina ¡tienen mejores soluciones!

También han surgido los herederos de los viejos líderes políticos, vociferando ¡somos el futuro! Estos pipiolos piensan ganar con los apellidos de aquellos que formaron parte de algún gobierno y que el pueblo amnésico no recuerda sus picardías, ejercieron cargos importantes en la administración pública, cuando no existían los organismos como la Fiscalía y la Comisión Anticorrupción, el único ente gubernamental de suma importancia era la Contraloría General de la República; al frente de esa institución, desfilaron algunos hombres probos como nuestro buen amigo perito mercantil don Ludovico Hernández, pero siempre pertenecientes al partido de turno en el poder. A los “bebesaurios” o nueva generación, todavía les tiemblan las piernas al enfrentarse a políticos sagaces y duchos en su profesión, expertos en asuntos de Estado, cuando debaten contra un campeón del sarcasmo como Carlos Montoya o un maestro como Oswaldo Ramos Soto, sencillamente los pulverizan, y no digamos ante otros de esos que como los llama el vulgo: “son gallos jugados que con el ala matan”.

La estrategia de nuestro eterno rival, el Partido Liberal, trata sin tapujos de sumar, unir y vencer, que más parece el último estertor por sobrevivir, y atraer de nuevo como los hijos pródigos, a los que se fueron engañados por los partidos nuevos que no tienen apertura democrática y donde los fundadores dicen ¡el que manda soy yo! ¿Correcto? Se han olvidado que la misión de un gobernante se resume en la siguiente frase: “Bienaventurado el dirigente que trabaja por el bien común y no por la realización de sus ideas personales”.

El Partido Nacional está organizado y unido, los ciudadanos le darán de nuevo el triunfo en las urnas, exigiendo a los funcionarios que sigan dando buenos resultados en su gestión, para ganarse la confianza y que tomen la decisión al momento de ejercer el sufragio, haciéndolo por convicción y no por miedo, como desean imponerse los amigos de la izquierda revolucionaria, que se encuentra en total decadencia en Latinoamérica.

Le pedimos al Gran Arquitecto del universo que le devuelva la salud a nuestro compañero de barra y presidente del Grupo de los Cuarenta, el gran columnista de este nuestro querido diario, don Roberto Ordoñez (El tayacán).

De rodillas solo para orar a Dios.

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