El padrino

El padrino

Por Marcio Enrique Sierra Mejía

Honor a quien honrarlo merece. En nuestra contemporánea sociedad no todo es negativo. Podemos darle gracias a Dios por contar con el ejemplo de un hombre humilde, extraordinario y digno de reconocerle una trayectoria existencial que enaltece a Honduras. En algún día del año de 1965 tuve la oportunidad de acercarme a él por primera vez a mi edad adolescente y estrecharle la mano, se trata de mi padrino Amado H. Núñez.

A la corta edad de los catorce años lo aprecié por primera vez. ¡Este es Marcio! le dijo mi padre al reconocido abogado y ministro del Trabajo. En ese entonces, se me ocurrió pasar a ver a mi padre a la clínica que daba servicio de atención médica en el primer piso de esa Secretaría de Estado que se localizaba al costado sur del parque La Libertad en Comayagüela. Cuando lo vi, recuerdo la satisfacción y orgullo que expresó mi papá al introducirme con el padrino, y la reacción que tuve frente a él, fue de mucho respeto y hasta cierto punto de admiración porque era un personaje importante del gobierno, y quien me saludó, con cariño y familiaridad. Desde entonces su existencia siempre ha sido permanente en el transcurrir de mi vida. Y ahora que arriba a sus 98 años me siento honrado de pertenecer al núcleo de amistades que lo visitan y él recibe con agrado.

Dedico este artículo al padrino Amado por varias razones: la primera, porque mi padre en vida le tuvo un aprecio especial al punto que cuando enfrentaba una situación que ameritaba el consejo de un amigo acudía a él. En segundo lugar, porque mi madre siempre cultivó en mi hermano Javier y mi persona, no solo la admiración hacia su personalidad, sino que también porque su existencia tiene un significado profundo para ella. Me contó que lo trató por primera vez en una reunión fiesta de la Asociación China, cuando mi padre empezaba a cortejarla. En tercer lugar, el padrino Amado lo consideramos como uno de los pocos ciudadanos de Honduras moralmente ejemplar, cuya calidad humana y sabiduría aplicada en su actuar histórico, es importante distinguir. Finalmente, en cuarto lugar, debido a la conducta ética que ha demostrado a lo largo de su vida como profesional y ciudadano que ama a su Sabanagrande, su pueblo natal, y a su país Honduras.

Recuerdo que cuando presenciaba el entierro de mi padre; por mi mente, pasó la imagen del padrino, y sentí que él, se convertiría en el adulto mayor que tendríamos en adelante como protector y consejero familiar. Y así ha sido. Siempre le visitamos y le pedimos consejos cuando los necesitamos. Platicar con el padrino Amado es ciertamente agradable. Y la verdad allí está él para apoyarnos en lo que esté a su alcance.

Amado H. Núñez bien puede compararse y considerarse el Cabañas de la época postmoderna de Honduras. Es la viva representación del funcionario público que engrandece a Honduras y la enorgullece por el ejemplo de asentada rectitud, sencillez, afabilidad y padre ejemplar de una familia linda compuesta por Mario, Iván, Gabriela, Ana de Jesús, Marcia y Alejandro: sobresalientes, talentosas, inteligentes y destacados profesionales, de notable influencia en la vida de Honduras.

Hoy, disfruto la lectura de uno de los cinco libros que ha publicado intitulado “Sabanagrande”, el cual no dudo, se va a convertir en un libro de obligatoria lectura para los jóvenes estudiantes de ese municipio, y de todo aquel hondureño, que disfruta leer obras de escritores hondureños.

Don Amado, tenga muchas bendiciones. Su trayectoria por esta Honduras es gratificante y merece ser resaltada. Usted ocupa un lugar fijo en nuestros corazones. Y Dios le ha concedido una vida brillante, llena de gozo y paz para que pueda seguir escribiendo otro libro sobre Tegucigalpa o sobre el tema que su noble espíritu le inspire desarrollar. Valieron la pena los sacrificios que tuvo que pasar desde salir a cortar leña en caites cuando era cipote, velar a su querida esposa cuando ya había formado un hogar, educar a sus hijos e hijas, conducir el Ministerio del Trabajo durante tres intensos períodos y ahora disfrutar a sus nietos a dos años para llegar a cumplir el siglo de existencia. Felicidades mi querido padrino.

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