“Tirar la toalla”

“Tirar la toalla”


Por Mario E. Fumero

Una palabra común cuando alguien está harto, cansado y decepcionado, ya sea de su trabajo, sus estudios o de cualquier situación de la vida diaria, es el usar la expresión “yo tiró la toalla”, con lo cual expresamos un alto grado de frustración o decepción frente a determinadas situaciones.
En la vida existen dos tipos de situaciones que debemos afrontar; unas son aquellas superables y lógicas, que son producto del diario quehacer, pero existen otras situaciones que se nos escapan de la mano, y que aparentemente no podemos darles solución, y al persistir con las mismas, experimentamos una sensación de frustración, la cual nos cansa y agota al punto que deseamos salir corriendo, dejándolo todo, y buscar un poco de luz en medio de la oscuridad que nos envuelve. Es ahí cuando la expresión “tirar la toalla” se hace apropiada, pues vemos que por más que deseamos hacer lo correcto, no logramos, ni obtenemos ningún resultado, es como arar en el desierto.
Me siento cansado, agotado y frustrado de ver la descomposición en que vivimos, tanto en lo social como en lo eclesial, y he decidido “tirar la toalla” y dejarle al Señor la solución de los problemas, esperando que todo siga su curso natural, porque es imposible nadar contra la corriente, cuando la corriente es fuerte, lo cual conduce tristemente a la indiferencia, fracaso y apostasía.
Estoy cansado de ver como obreros cristianos, políticos, empresarios y supuestos “siervos de Dios” buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo (Efesios 2:21). Van siempre detrás de la comodidad, el bienestar propio, la preeminencia y la mentira, exaltando su trabajo, sin considerar el sacrificio de los que antes que él pagaron un precio (Mateo 23:6). Muchos pastores toman el servicio a Dios no como una forma de entrega, sino como un medio de bienestar y enriquecimiento con actos de corrupción (1 Timoteo 6:10).
Estoy frustrado al ver como muchos que comen con nosotros, y dicen ser de nosotros, después nos abandonan, o por detrás, nos desacreditan para defender sus vanas pretensiones (2 Pedro 2:13). Estoy cansado de ver la indiferencia de los llamados cristianos frente a la miseria, tragedia y el dolor humano. Personas que solo piensan en el dinero, prosperidad alimentando su ego, mientras millones a nuestro alrededor sufren y padecen por la falta de una mano amiga les ofrezca ayuda (Romanos 9:2). Estoy decepcionado de los líderes de iglesias que se han acomodado tanto, que para ellos la visión original se ha perdido, buscando solo lo productivo y rentable, acumulando bienes para heredárselos al anticristo, mientras que el mundo muere de hambre, miseria y enfermedad (2 Corintios 8:14).
Quiero tirar la toalla de una iglesia apática, que por más que se le predique el evangelio de entrega, humildad, sacrificio y santidad, duerme el sueño de la indiferencia frente a una nación que se nos cae en pedazos, presa de la violencia y corrupción (Efesios 5:14).
¿Qué sentido tiene hablar de sacrificio, compromiso, visión misionera, desprendimiento, amor y humildad, cuando al salir de la iglesia se olvidan de todo lo proclamado y viven como les da la gana? (Santiago 1:22). ¿Tiene sentido predicar para entretener a los oyentes?
Por eso quiero “tirar la toalla”, y dejar de predicarle a un pueblo que padece de comezón de oír (2 Timoteo 4:3). Cuando predico, y veo que todo sigue igual me preguntó: ¿Dónde está la falla, seré yo, o es el auditorio o sistema en el cual vivo? Si el mensaje no penetra y no produce un efecto de cambio ¿tiene sentido seguir luchando y predicando? Cuando la gente escucha por entretenimiento, y no por deseo de cambiar, lo mejor que uno puede hacer es tirar la toalla, pero no tirarla para no hacer nada, sino hacer lo que puedo con los que quieren, porque el peor error de una frustración es cruzarse de brazos y declararse vencido. Para que me entienda mejor, tiró la toalla del ring, pero desde abajo sigo peleando la buena batalla de la fe tomando para ello toda la armadura de Dios (2 Timoteo 4:7).

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