La eterna guerra en Medio Oriente


La eterna guerra en Medio Oriente


Otto Martín Wolf

La primera civilización registrada en la historia existió precisamente en esa zona, la Mesopotamia, hace más de cinco mil años, fueron los sumerios. Fue ahí, cerca de Siria, donde las ciudades de Lagash y Umma se enfrentaron en una guerra que duró más de un siglo (los motivos del pleito no están muy claros). Es el mismo lugar donde, en la actualidad, un terrible conflicto amenaza con extenderse a toda la región y, por medio de la estrategia del terrorismo portátil, quizá a todo el planeta.

Aunque hay una contradicción de tiempos, ya que los sumerios desarrollaron su cultura más de cuatro mil años antes del comienzo bíblico, no puedo dejar de mencionar que desde las primeras páginas de ese libro -sagrado para algunos- se registra el primer enfrentamiento (Caín y Abel), además de múltiples guerras a lo largo de la mayoría de sus páginas.

Desde entonces se puede decir que la zona no ha conocido un período de paz que dure más de un segundo, o sea, lo que tarda en terminar un combate y empezar las preparaciones para el otro.

¿Por qué tan peleones? El ser humano, por naturaleza, no puede vivir en paz, siempre se las ingenia para encontrar razones para una buena guerra o un mal pleito, aunque estas sean las más estúpidas o ilógicas.

A nosotros se nos acusa de haber participado en la llamada “guerra del fútbol”, la cual ni fue una guerra verdadera ni tampoco se debió al fútbol, aunque este pudo haber sido utilizado como un pretexto y, desde luego, como un magnífico titular de prensa a nivel mundial. No nos peleamos por el fútbol, nos peleamos por idiotas, como todos los que pelean por cualquier motivo. La mayor parte de las guerras ha sido por razones económicas: “quiero quitarte algo o no quiero que me quites lo mío”, así de simple.

Otra razón es la ideológica: “quiero que pensés como yo pienso o no quiero que me obligués a pensar como vos y lo arreglamos a tiros o machetazos”. También -y muy frecuentemente- tan solo por el ego de dirigentes políticos o militares: Alejandro, Napoleón, Hitler y muchos más.Pues bien, lo que ocurre en Siria y toda la región no debe sorprender a nadie, tampoco debe servir para que alguien lleno de supersticiones diga “se están cumpliendo las profecías”. Ahí han peleado todo el tiempo, inclusive antes de que se escribieran las profecías.

Árabes contra árabes, árabes contra judíos, moros contra cristianos, por ahí anduvieron guerreando tribus asiáticas y, también de ahí, salieron invasiones para otros continentes. Ningún acuerdo o tratado de paz ha servido, esta solo ha llegado cuando han vencido a uno de los combatientes o por agotamiento de ambos. Pero, como es natural, apenas se recuperan, ahí van de nuevo, ¡guerra, guerra, guerra! Conforme el Islam ha avanzado en Europa, también ha llevado su instinto guerrero y destructor, como lo hemos visto en Inglaterra, España, Francia, Bélgica, Rusia, entre otros. ¿Llegará algún día a América?

Me temo que sí. De hecho, el atentado contra las torres gemelas en New York o las bombas antisemitas de Argentina son un triste y alarmante recordatorio de que la globalización también incluye la guerra.

¿Llegará a Honduras algún día? Como aquí nunca nos han faltado pretextos para pelearnos entre nosotros, no podemos descartar una guerra religiosa; no obstante, creo que pasará algún tiempo antes de que ese virus nos afecte directamente.

Debo anotar que ya disponemos de una buena dosis de fanáticos religiosos, los que, afortunadamente, aún no llegan al nivel de locura terrorista. Con todo y los enormes avances de nuestra civilización, el ser humano sigue siendo un animal dispuesto a pelear y matar hasta por los más pequeños e insignificantes detalles. Duele, pero esa es la verdad.

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