Irracionalidad económica



Irracionalidad económica

Por: Segisfredo Infante


Guillermo Hegel expresaba, siguiendo un poco las nociones de Platón, que “Lo que es racional es real; y lo que es real es racional.” Estas dos frases condensan, a mi juicio, todo el sistema filosófico hegeliano, y de algún modo condensan también lo mejor de la historia del espíritu filosófico occidental. La famosa frase “lapidaria” de Hegel fue escrita y publicada en los tiempos de completa madurez del filósofo alemán. Específicamente en su libro “Filosofía del derecho”, durante los años de 1820-1821. Pronto estaremos cumpliendo doscientos años de tal publicación. Desde luego que tal frase genera controversias y provoca algunos equívocos en aquellos que poco o nada han leído y estudiado el sistema filosófico de Hegel, habida cuenta que durante el siglo veinte otros filósofos importantes descubrieron (o redescubrieron) que el mundo, es decir la gente, también es “irracional”, y muchas personas se comportan irracionalmente hasta los extremos. Por tal razón Ortega y Gasset sugería, directa o indirectamente, que a los filósofos sólo les queda interpretar racionalmente las tremendas irracionalidades que se observan en la vida cotidiana. O las habladurías y las vulgaridades conceptuales, añadiría Martin Heidegger.

Los buenos lectores podrían legítimamente preguntar: “¿Qué tiene que ver la gran “Filosofía” en los territorios áridos, o antipoéticos, de la economía?”. Bueno, para empezar habría que contestarles que varios economistas importantes, incluyendo a los clásicos modernos, comenzaron por escribir filosofía, entre ellos Adam Smith. Es más, el economista Jeremy Bentham (amigo epistolar del hondureño José Cecilio Díaz del Valle), escribió un tratado de silogística cuasi aristotélica, con el propósito primordial de educar a los parlamentarios ingleses que rechazaban sus propuestas económicas. Este subtema lo publiqué, hace algunos años, en estos mismos espacios de opinión. Naturalmente que en Honduras es casi imposible citar los textos originarios de otros paisanos cuando los escritores típicos se ubican en bandos opuestos (a veces irracionales) de rígidos esquemitas ideológicos y políticos. Ello a pesar de la buena y vieja herencia bibliográfica europea. Ya que en nuestro caso tiende a imponerse lo epidérmico calenturiento. A veces mentiroso y otras veces distorsionante. Pero a propósito de las bibliografías pertinentes, existe un volumen de edición más o menos reciente titulado “Los filósofos terrenales; vida, tiempo e ideas de los grandes pensadores de la economía”, del escritor Robert L. Heilbroner.
Para hablar de racionalidad e irracionalidad económicas, conviene recordar que las primeras civilizaciones fueron organizadas sobre la base del sedentarismo; la domesticación de plantas y animales; las primeras estructuras estatales; la necesaria división del trabajo; los emplazamientos urbanísticos; y la acumulación de los primeros excedentes económicos colectivos. Llámeseles “excedentes” a los primeros “sobrantes” de producción comunitaria, que eran almacenados y redistribuidos en el resto de la sociedad. Sin tal excedente o sobrante económico (lo hemos dicho en varios artículos) es imposible el sostenimiento de cualquier civilización civil, y de cualquier Estado, tal como ha quedado en evidencia en diversos momentos zigzagueantes de la “Historia”, sobre todo en las guerras catastróficas intervencionistas; en las políticas económicas equivocadas de ancha envergadura; y en las crisis financieras continentales y mundiales.

Dentro del contexto de las políticas económicas equivocadas han sido campeones los dirigentes del “socialismo real”, que se experimentó durante casi todo el siglo pasado y parte del veintiuno. Las colectivizaciones forzadas de la agricultura y los proyectos de las “comunas populares”, con sus famosos “grandes saltos hacia adelante” (que debieran leerse como saltos al vacío), terminaron en situaciones catastróficas, a pesar de los éxitos comparativos en materia de industrialización urbana. Tanto en la Unión Soviética como en China Popular, tales políticas equivocadas condujeron a la muerte por causa de hambre y de inanición, a decenas de millones de individuos, especialmente campesinos. Por lo menos el dictador supremo totalitario, Josif Stalin, tuvo el coraje de aceptarlo, a regañadientes, en una conversación con el británico Winston Churchill. Ignoramos si acaso Mao Tse-tung aceptó sus trágicos errores económicos, que terminaron con las purgas y las muertes de aquellos “camaradas” que apenas se atrevían a sugerir los desaciertos de su propio Partido Comunista, como en el caso del ingenuo presidente Liu Shao-chi. Por cierto que los actuales dirigentes chinos han corregido los enormes desaciertos de Mao y de su grupo. (Todos los personajes mencionados o aludidos fueron incapaces de leer y comprender el tomo uno de “El Capital”, de su economista e ideólogo principal Karl Marx, en donde se sugiere, directa o indirectamente, la racionalidad económica categorial).

Pero el campeón de campeones en irracionalidad económica, pareciera ser Nicolás Maduro, quien ha convertido a la riquísima Venezuela petrolera, en uno de los países más pobres y más hambrientos del mundo. Todo por quedar bien parado con las posturas ideológicas de su maestro en desastres, el despilfarrador Hugo Chávez Frías.

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