Mr. Keynes y los cándidos¹

Mr. Keynes y los cándidos¹

Por: Julio Raudales
John Maynard Keynes, el más grande economista del siglo XX, tiene dos méritos indiscutibles: Haber fundado la macroeconomía -ciencia que estudia los fenómenos sociales y productivos como un todo-, y la solución de la peor crisis económica mundial de la que se tiene registro.

Era un gran filósofo y matemático. En su obra central “Teoría General del Empleo, el interés y el dinero” -que es como la Biblia en el sentido de que muchos hablan de ella pero pocos la han leído-desafió a la ortodoxia política y académica de su época, al decir que la actividad económica obedece fundamentalmente a la demanda, tanto de los hogares por bienes de consumo, como de los empresarios por máquinas, trabajadores y materia prima para producir dichos bienes, por tanto, en épocas de crisis, el gobierno juega un papel clave para inducir a las familias y empresarios a consumir y producir, mediante el uso de la política fiscal (impuestos, gasto y deuda pública) y política monetaria (cantidad de dinero, tipo de cambio y tasa de interés).

Antes de Keynes, la producción se concebía únicamente como resultado de la oferta y era impensable que el gobierno pudiera ejercer alguna acción, “Las crisis son simples ajustes naturales y se sale de ellas de forma natural”, decían los economistas. El aristócrata británico demostró que no siempre es cierto.

El éxito de la propuesta keynesiana provocó una revolución en la forma de hacer política. Muchos gobiernos tomaron la batuta del accionar económico en sus países y algunos tuvieron éxito. Lamentablemente no fue este el caso de América Latina, donde políticos irresponsables, apretaron el acelerador del gasto público y la creación de más dinero, provocando un endeudamiento e inflaciones insostenibles. Las consecuencias no se hicieron esperar: más indigencia, violencia social, inseguridad y pérdida de credibilidad nacional e internacional en los gobiernos.

La tarea siguiente, fue reconstruir las ruinas mediante procesos de ajuste estructural guiados por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Muchos gobiernos se vieron forzados a hacer estos ajustes para obtener financiamiento y no profundizar sus crisis. Fue así como se empezó a percibir a este organismo como un ogro, invasor de las soberanías y enemigo de los pueblos. Pienso que el FMI es corresponsable de los malos resultados que las políticas de ajuste han tenido en muchos países. Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿Será el FMI culpable de la debacle en que cayeron estos países por culpa de la torpeza de sus gobiernos al incrementar su gasto sin ningún criterio racional? Eso es como si un alcohólico culpara a su médico por un mal tratamiento de su cirrosis hepática. ¿Quién es el verdadero responsable de estar enfermo?

El señor Keynes propuso con mucho tino la intervención del gobierno con medidas “anticíclicas” en tiempos de crisis, esto es simplemente, que los gobiernos ahorren en los buenos tiempos, para cubrirse si luego hay problemas. La pregunta obligada es: ¿Ahorramos los hondureños en tiempos de bonanza (condonación de la deuda, precios altos del café y mayor entrada de remesas), para decir que ahora hay que acelerar el gasto?, ¿quién nos va a financiar?

Al respecto, en su edición de noviembre, la revista “América Economía” publicó una encuesta con 140 especialistas, sobre la forma en que las economías de Latinoamérica están preparadas para enfrentar la crisis. Chile, Panamá y Perú, que ahorraron durante el período de vacas gordas, podrán aplicar estas políticas anticíclicas aconsejadas por Mr. Keynes sin mayor problema. Honduras, Nicaragua, Argentina, Ecuador y Venezuela tendrán que pagar las consecuencias de su conducta.

No caigamos en la candidez de creer que aumentar el gasto (aunque lo llamemos social) nos sacará de problemas porque será peor el remedio que la enfermedad.

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