Alianza y terrorismo

Alianza y terrorismo

Por: Nery Alexis Gaitán
Los políticos hondureños son capaces de cualquier villanía con tal de llegar al poder. Estar en la llanura que es como una condena, es la peor tragedia que puede ocurrirles en sus vidas. Estar huérfanos del poder, es decir, sin opciones para dedicarse impunemente a la corrupción, los entristece grandemente. En ellos su agenda política solo tiene una finalidad: enriquecerse a costa de los pobres para gozar de las veleidades del mundo.

Urgidos por el ansia de gobernar, no les importa establecer pactos con el demonio si con ello vuelven a gozar de las mieles que otorgan los puestos de elección popular; porque en Honduras, los políticos solo llegan a servirse a sí mismos, a sus familias o al grupo de poder que representan. Y nunca gobiernan para beneficiar a los pobres.

La alianza que han formado Libre, el PAC y el PINU, a todas luces es una conspiración en contra de la hondureñidad, de sus instituciones democráticas y de nuestro sistema de vida. Libre, que es un partido político antisistema y que quiere instaurar en nuestra patria el fracasado socialismo del siglo XXI, lo que busca es crear inestabilidad social a toda costa. El PAC, liderado por Salvador Nasralla, solo es una caja de resonancia de las malsanas intenciones de Manuel Zelaya en contra de Honduras. La inexperiencia del presentador de televisión, creyendo que “Mel” lo nombrará como el candidato presidencial de la oposición, aparte de hacer el ridículo, le causa daño al pueblo. El PINU solo es un agregado sin importancia en esta conjura.

La alianza del mal, como se ha denominado esta estrategia de la oposición, tiene como finalidad crear inestabilidad política. Es evidente que Mel Zelaya jamás desistirá de su intención de retornar al poder y cree que el camino es la confrontación, tal como lo demostró en el 2009. En esta línea de conflicto, la alianza, dándole la espalda a los intereses de Honduras, se opone firmemente a las reformas penales.

Las reformas contemplan penas más severas para el delito de extorsión, así como calificar de terrorismo los actos vandálicos que cometen los antisociales, como la quema de unidades del transporte público. Esto se hace urgente y necesario para poder enfrentar estos flagelos que tanto daño le hacen a la población. Aunque ya sabemos que las leyes por sí solas no funcionan si no vienen acompañadas de políticas de mejoría social. Pero de momento estas leyes son primordiales.

La justificación pueril de la oposición es que estas leyes más severas penalizan las protestas sociales. Pero el Poder Ejecutivo ha aclarado que no se violenta tal derecho y que lo que se pretende es eliminar el flagelo de la extorsión. A nuestro parecer es correcto que los actos de los antisociales, como la quema de buses, sean tipificados como terrorismo. Llama la atención que cuando leyes similares se promulgaron en El Salvador, la oposición sí mostró su beneplácito.

Entonces nos hacemos las inevitables preguntas: ¿por qué la alianza del mal está en contra de las reformas penales? ¿Por qué están en contra de que se castigue más duramente la extorsión? ¿Por qué están a favor de la quema de buses? ¿Por qué no desean que estos hechos delictivos sean tipificados como terrorismo?

¿En qué momento la alianza presenta propuestas que defiendan al pueblo de estos hechos delictivos que tanto dolor y luto han traído a los hondureños? Al respecto recordamos que fue en el gobierno de Manuel Zelaya cuando se incrementó el narcotráfico y el crimen organizado en nuestra patria. Es de amarga recordación que las avionetas repletas de droga aterrizaban por doquier.

De todo esto se deduce que existe una alianza en contra del pueblo hondureño, y que quienes la conforman trascienden el plano político, y obviamente representan y defienden intereses de otra naturaleza. ¡Los hondureños merecemos vivir en paz!

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