Los dioses caídos

Los dioses caídos

Por Boris Zelaya Rubí

“Cementerio de elefantes. Se nombra así al lugar donde los marginados acuden voluntariamente a pasar sus últimos días en soledad y consumiendo alcohol. Una dura trama que muestra el lado más triste y oculto de la vida de personas que son consideradas lacras sociales, pero con sentimientos y valores como cualquier otro ser humano”. Cualquier similitud con políticos nuestros desde exdesignados, ministros, comisionados y directores para abajo, es pura coincidencia.

Aquellos que fueron y no volverán, califican a las nuevas generaciones como párvulos en política, olvidando que fueron iguales ante expertos de aquel tiempo, cuando hicieron sus pininos en esas lides. Algunos a quienes les costó un trabajo arduo y varios años para lograr posiciones cimeras en sus partidos políticos, y destacarse en cargos de elección popular o como funcionarios, ven con asombro la facilidad con que hoy entran al ruedo, cipotes cuyos apellidos les han abierto el camino o el dinero que sospechosamente amasaron sus protectores.

Los curtidos en la lucha por servirle al país, actúan por todos los medios posibles, como defensores de la democracia, criticando los miles de errores que a su criterio, cometen casi a diario, los hijos de “papi y mami”, como señalan a los que sus padres abusando del poder y manipulando por años las “argollas políticas”, han logrado insertarlos para continuar la tradición de familia ¡vivir del erario! Cualquiera de los que se hacen llamar “analistas políticos”, puede revisar las planillas de candidatos a cargos de elección, donde encontrará una patastera genealógica, y si logra escudriñar los cargos de suplentes, encontrará que por lo general son refugio asolapado de los llamados sarcásticamente “bebesaurios”, hijos o parientes de los poderosos del momento.

Así, vemos a los experimentados políticos de la tercera o cuarta edad, resistirse a cederle el paso a las nuevas generaciones, aunque los llamen jurásicos o momias políticas, deben impartir sus conocimientos, pero sin olvidar que la tecnología permite estar más al tanto de las transformaciones mundiales y las soluciones aplicables a los problemas que afrontamos, que son similares en varias partes del mundo. No es nuestro deseo menospreciar a los que sirvieron al país, a ellos les recomiendan prácticas y análisis como ejercicios, para mantener sus mentes ocupadas ya sea por razones médicas o por el simple hecho de sentirse útiles.

Lo ideal para los analistas sería que integraran en sus respectivos institutos políticos a cargos en la directiva, y que de vez en cuando compartieran sus experiencias con las nuevas fuerzas, que inevitablemente se abren camino para servirle a la patria. Algunos que se fueron creen que la gente ignora sus malas andadas, por sus zambullidas en las arcas y quizás hicieron lo mismo en algún transitar por el ámbito de la empresa privada, ¡quieren tapar el sol con un dedo! Y se ofenden cuando se jactan de ser hombres exitosos, puros y honrados, mientras alguien que los escucha esboza una sonrisa sarcástica y burlona.

El tiempo no borra los pecados, solamente los embalsama, pero siguen vivos en la memoria de los que de generación en generación, los transmiten.

Como decía nuestra tía, Violeta Moncada Rubí (Q.D.D.G.): “Hay que dejar que los muertitos descansen en el fondo de los armarios”.

Diputados que se resisten a darles campo a los jóvenes, quieren morir en sus mullidos sillones del hemiciclo, por el exceso de ingesta de café con pan, deberían descontinuar sus forzados cacicazgos en las comunidades, donde ganan no necesariamente por los votos sino por la contada. Estos dioses caídos, en batallas políticas, arriesgan el triunfo de los candidatos a la Presidencia. El pueblo con toda razón protesta diciendo: ¡Los mismos para lo mismo!

Agradecemos a los estimados Olban Valladares, Antonio Ortez Turcios y René Becerra, (este último el organizador) por habernos celebrado nuestro onomástico, haciéndonos pasar momentos agradables con los relatos de sus experiencias políticas. ¡Gracias! Sus vivencias deberían ser escritas, conteniendo su recorrido al servicio de la patria como un legado para las futuras generaciones.

De rodillas solo para orar a Dios.

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