Lógica versus difamación

Lógica versus difamación

Por Segisfredo Infante

En nuestra Honduras pareciera acrecentarse el abrevadero lodoso de la calumnia y de su hermana la difamación, de tal suerte que hay días y semanas que se vuelve imposible la coexistencia civilizada de los seres humanos, suponiendo que todavía pertenezcamos a la misma especie del “Homo Sapiens Sapiens” (el “Hombre que Sabe que sí Sabe”). Dan ganas de marcharse corriendo hacia otro país más o menos civilizado; o para alguna aldea remota, que ni siquiera aparezca registrada en los mapas científicos actuales.

La gravedad del caso se agiganta más allá de lo creíble, porque los individuos inmersos en el fango de la difamación inescrupulosa, son personas que se jactan de poseer un nivel universitario para presumir ante los desinformados e incautos. Sobre todo frente a los jóvenes actuales, que casi nada saben de la historia lejana o reciente de nuestra Honduras, ni mucho menos de las colas de dinosaurios que esconden tales difamadores y calumniadores, metidos en el ajo de la supuesta política catracha. En Honduras resulta fácil identificar a por lo menos seis individuos, de ambos sexos, que son archicapaces de incendiar con sus lenguas orgánicas a todo el país, llevándose de encuentro a justos, intermedios y pecadores, con tal de salvar sus propios pellejos de asaltadores descarados del Banco Central y de otros fondos provenientes del Estado. La verdad es que en nuestro medio se mueven incluso como bagres los estafadores fraudulentos, públicos y privados, que engañan a la gente humilde incluso en el momento de construir unas casas para que se derrumben pocos meses después, y nada se sepa del destino de los ciudadanos estafados y afectados hasta el fondo. En todo caso se deben presentar las pruebas fehacientes sin recurrir a la difamación pública. Porque para eso existe una lógica jurídica que bien o mal debe ser respetada, a pesar de la flojedad de algunos operadores de justicia.

Pues bien. Hablando de “Lógica” en Honduras hubiera sido poco menos que imposible, bajo las actuales coyunturas, que florecieran personajes como Heráclito, Parménides, Sócrates, Platón y Aristóteles, expertos en el pensamiento profundo y en el discurso lógico, ya sea hablado o escrito. Sobre todo el señor Aristóteles, inventor genial de la famosa “lógica aristotélica”, hoy reconocida como “lógica formal”, sin la cual era improbable que los antiguos griegos se expresaran correctamente en el ágora, en la academia o en la plaza pública, en tanto que para debatir cualquier tema se necesitaban los conocimientos básicos de “retórica” y la medida justa del debate. No se podía asistir a la plaza política griega con acusaciones sin fundamento jurídico, porque entonces el difamador corría el riesgo de ser expulsado de la ciudad. O de caer en el “ostracismo”, por decisión mayoritaria de votos. También se corría el riesgo que los difamadores triunfantes condujeran los debates calumniosos, o superficiales, hacia el homicidio de pensadores claves como Sócrates, quien fue envidiado, calumniado y asesinado por una porción de votantes atenienses. Razón por la cual, años más tarde, el mismo Aristóteles tuvo que marcharse de Atenas para evitarles “el lujo” (a una parte de los atenienses) de volver a asesinar a otro filósofo. Y es que en todos los tiempos se cuecen habas podridas. Inclusive en la Antigua Grecia, una sociedad que había llegado a la plena madurez del pensamiento, con la excepción de un porcentaje de estúpidos que deseaban destruirla. Como algunos desearían, hoy en día, destruir lo poco bueno de Honduras, para satisfacción de sus egolatrías viscerales, como en los tiempos evolutivos de los descomunales dinosaurios y tiranosaurios, que arrasaban con los bosques y con otras criaturas indefensas.

Sin embargo, a pesar de los pesares el pensamiento de Aristóteles se impuso frente a la anarquía y frente al poder “omnímodo” de los poderosos y mentirosos. Existe una anécdota (ojalá que tenga basamento histórico), que el mismo Alejandro Magno reconocía la superioridad del pensamiento de su posible maestro lógico, frente al poder sangriento de las espadas, los escudos y de las lanzas indetenibles de las falanges imperiales. Los mismos dirigentes y emperadores romanos (no todos por supuesto) terminaron asumiendo la lógica formal derivada de los discípulos del genial Aristóteles. En la misma Edad Media se hizo famoso el pensamiento aristotélico-escolástico, hasta llegar a la Edad Moderna, en que la lógica aristotélica comienza a ser modificada, respetando desde luego sus raíces.

No creo que los seis “jinetes” antes aludidos (de por lo menos tres instituciones catrachas), expertos en la calumnia exagerada y en atizar la difamación pública peculiar de los titiriteros, tengan capacidad de hojear siquiera “El Organón” voluminoso de Aristóteles, para una ilustración mínima de ellos mismos. Se sienten tan seguros de sus malabarismos y de su archicapacidad para enlodar los nombres de los demás, que no necesitan de ninguna lectura profunda del sabio creador de la “Lógica”. Sin embargo, estoy seguro que a pesar del caos, la difamación, la arrogancia, el fango y la muerte, siempre resurgirá la flor más hermosa del pensamiento respetuoso, profundo y sobrio, y crecerá espléndido el roble inmarchitable sobre los escombros de los seudopolíticos de cualquier época.

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