Escuelas con nombres de corruptos



Escuelas con nombres de corruptos

Por Boris Zelaya Rubí

El artículo 6, inciso c, del Reglamento de Centros Educativos, indica que los centros de enseñanza, están obligados a fomentar hábitos de patriotismos, convivencia u autoestima, entre otros. Sin embargo, existen escuelas, colegios y jardines de niños, que por llevar el nombre de personas cuestionadas, contradicen esa norma legal.

Lastimoso ejemplo de mediocridad han dado las autoridades educativas y municipales a nivel nacional, bautizando escuelas con el nombre de presuntos delincuentes, solo por el hecho de fingir en un período de gobierno ser buenos funcionarios, pero en la realidad fueron simples inútiles, que nunca pensaron en el pueblo y mucho menos en la niñez.

Lo vergonzoso es que existe un número elevado de escuelitas rurales donde imparten el pan del saber, que solo cuando surge alguna necesidad urgente en alguno de esos centros estudiantiles (se les cae el techo), es que nos enteramos del nombre, dejándonos asqueados y con ganas de gritar ¡basta ya! Cámbienles esas identificaciones de gente putrefacta que su sola mención, mancha el labio infantil.

Con frecuencia seguimos escuchado que algunas escuelas de Honduras, llevan el nombre de personas de reputación dudosa y de delincuentes confesos, permitiendo injustamente que los personajes oscuros sean recordados por siglos. Es desde todo punto de vista inmoral y dañino, que los alumnos que pasaron por esas aulas, tengan que rememorar a los grandes ladrones de la historia del país.

Debería reglamentarse para evitar esos reconocimientos inmerecidos, y solamente usar los apelativos de los que ya pasaron a la vida eterna, después que una comisión de censura decida si tienen los méritos, como para elevar ciertos ciudadanos a la inmortalidad, en los lugares donde se forman los hombres y mujeres del futuro. Quiera Dios que no sigan el ejemplo de los malos patriotas, que han sido distinguidos bautizando esas casas de formación, de donde surgirán las generaciones que construirán el futuro de Honduras.

Cuando llegue la fecha para celebrar el aniversario de la fundación de las escuelas que llevan esos cuasi apodos de “torones políticos” que eran o se volvieron grandes malhechores de Honduras, tendrán que inventarles una biografía, aún con el riesgo de que algún estudiante de los grados más avanzados, increpe a los directores y maestros desenmascarándolos por mentir sobre la trayectoria de los hampones. Lo más triste es que algunos todavía están vivos y otros han sido judicializados y bien librados pagando para ello, con el mismo dinero que sustrajeron con sus acciones ilícitas.
Lo correcto es establecer los pasos a seguir, en primer lugar cambiarles los nombres y bautizarlos con el de grandes patricios, para que los alumnos al pasar los años no se sientan avergonzados, al mencionar en qué centro realizaron sus estudios.

No nos imaginamos que en otros países bauticen las escuelas con apelativos como: Al Capone, John Dillinger (esperamos que nadie se sienta aludido con el asaltabancos) o Jack El Destripador, Charles Manson, Ed Gain El Carnicero y mucho menos La Diabla, El Chorcho o El Perfumado. No podemos seguir permitiendo que se use el nombre de ladronzuelos del dinero perteneciente a los ciudadanos, aunque hayan muerto y a lo mejor pernoctan en el averno o se han tomado las de Villadiego, como prófugos de la justicia. Tienen los pies cerca de la celda que será su última morada, vestidos eternamente de anaranjado identificados con un número.

Por supuesto que también se deben incluir nombres de algunas féminas que ocuparon posiciones relevantes, por aquello de que se les antoje manchar ese conjunto de aulas, para recordar algunas que equivocaron sus funciones, que nunca hicieron nada por la patria o se perdieron por la ambición que mejor hubieran sido modelos de pasarelas, imitadoras de La Reina del Sur, traficantes de influencias, representantes de algunas casas distribuidoras de artículos para niños o terratenientes, que en sus momentos de preponderancia pública, usaban a más de algún ministro de esos renegreados del alma, leales, serviles que mueven la cola como canes brincando llenos de alegría, por el servicio prestado para ejecutar actos de venganza, satisfaciendo a su ama y señora para quedar bien, dañando al que no fuera de la simpatía o no cumpliera los caprichos de la poderosa damisela.

¿Recuerdas doctor?

De rodillas solo para orar a Dios.

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