LOS BLOQUES Y EL PARLACEN Y LAS CORONAS

LOS BLOQUES Y EL PARLACEN Y LAS CORONAS

Editorial LA Tribuna
NOSOTROS, hemos reiterado en múltiples ocasiones, somos integracionistas. No que esta sea agenda prioritaria de nadie. Sin embargo, los bloques pesan más que las individualidades. Europa así actúa con todo y que aquellos son países y no paisajes. Los asiáticos tienen su bloque. Igual los africanos y los suramericanos. El mundo ve esto como una región y poca importancia le atribuyen a los países individuales. El compacto centroamericano es uno de los más débiles. SICA no actúa, como conjunto, digamos como lo hace la cofradía de América del Sur. Allá la agresión a uno la entienden como amenaza a todos. Aquí, cuando castigaron a uno de los miembros del bloque centroamericano y por “mal portado” lo aislaron del mundo, no hubo mayor identidad de los vecinos. Incluso después de realizadas las elecciones que acabaron con el conflicto político, al presidente elegido lo marginaron de una cumbre iberoamericana –por presión de los que seguían sudando calenturas ajenas– y nadie se mosqueó; ninguno de los vecinos se solidarizó.
Así las cosas, este bloque regional es más de palabras que de acciones, más de apangadas que de cosas concretas. La integración centroamericana quedó inmortalizada en los ideales de Morazán como una aspiración. Y se desintegró del todo en el velorio del Mercado Común Centroamericano. No se han dado cuenta, todavía, pese a las muchas demostraciones, que en grupo pesan pero individualmente muy poco. Como sucede con esas visitas a Washington. Cuando hubo emergencia migratoria por el masivo flujo de madres y de niños en la frontera, fueron invitados a la Casa Blanca, pero en trío. El Plan de la Prosperidad sirve pero si es para todo el Triángulo Norte. O cuando se aparece un vicepresidente o un secretario de estado por estos lugares, en determinada capital concurren todos los presidentes centroamericanos. En su momento hubo una intentona de hacer la integración más ancha –para incluir a los estados sureños del México lindo y querido– con aquel fenecido experimento del Plan Puebla Panamá, que quedó en proyectos ilusorios que el BID nunca financió. Así que, a propósito de ensayos para agruparse, hay que preguntarse ¿si todavía hay voluntad política de hacerlo?
Pero no salgan con ese inservible Parlamento Centroamericano, demasiado caro para estos países acabados –más en tiempos de crisis económica– que así como lo tienen solamente sirve de beca a políticos jubilados de la región que van a Guatemala a departir. Y no toda es culpa de ellos. Como no han querido darle facultades vinculantes funciona de cero a la izquierda, porque lo que discuten y resuelven a nadie obliga. Hace poco tuvimos la visita grata de su presidente, a quien por tratarse de un hondureño le dimos una buena sugerencia para que el foro tuviese alguna utilidad. Solo era de promover un convenio con su hermano mayor el europeo. Pero cayó en costal roto. (Salieron igual que entraron). La intención siempre ha sido que un foro que reúne gente valiosa, sirva para el propósito integracionista. Que aporte algún valor a estos países, aparte de kermeses, conferencias y francachelas. No estamos abogando porque desaparezca el Parlacen, sino que lo transformen. Si para eso no hay voluntad, pues que no sigan desperdiciando dinero y le pongan las coronas. ¿Cuántos años llevan de mantener algo tan costoso sin sacarle beneficio?

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